Eso es lo más parecido para definir lo realizado en tan pocas horas. Cómo no, la mochila por preparar al despertarme a las 6 de la mañana. Cálculo de horas hasta coger el avión y ¡Mierda!, me he despertado una hora antes. “Voy a hacerme el remolón durante 45 minutos más para hacerme la maleta bien hecha y buscar un taxi que me lleve al aeropuerto de Kuala Lumpur”, pensé con la cabeza tan despeada como cualquier otro mortal a esas intempestivas horas. Lo malo es que no había caído en la cuenta de que no sólo tenía que haberme preparado el equipaje si no que también es bueno revisar la hora exacta del vuelo y era una hora antes de lo esperado. Ahora si me pongo nervioso, a las 6:30, pero es lo que tienen las grandes ciudades, que te obligan a tener horarios continuamente – en mi Koh Tao a veces nos preguntamos el día de la semana y es básicamente cuando ves una inmersión que te apetece y quieres saber cuántos días faltan -, y a eso le sumas estrés, etc.
Al salir del B&B me encuentro con otros dos huéspedes que están esperando a que les recoja el taxi que tienen pagado y que hace media hora que tenía que haber llegado. Yo a lo mío y a buscar uno para mí ya que voy a otro aeropuerto. Al taxista le ofrezco 40 RMY (más o menos 10 €) para que haga la carrera de su vida y me lleve a coger el avión a tiempo. Así lo hace y lo que tenía que realizarse en una hora tardamos media.
Una vez en Koh Samui, sigo con mi particular “corre que te pillo” y consigo pasar el control de inmigración, recibido con una gran sonrisa al ver Sepein (Spain para ellos) y Valencia, me da la bienvenida más efusivamente y me habla de David Villa, David Silva y Juan Mata, los tres mejores jugadores del Valencia.
Consigo un taxi-VIP para que me lleve a la oficina de inmigración ya que con el cambio horario he ganado una hora y todavía puedo llegar a tiempo y me ahorro un día aquí. Cómo no le pongo toda la prisa que puedo para llegar antes de las 12:30 que como buenos funcionarios es su final de jornada. La amable recepcionista me comenta que este mes no hacen la visa-run, que es una extensión de un mes más sobre el visado actual y que tendré que volver cuando falte una semana para que se me acabe el actual. Pues nada, media vuelta y a buscar un taxi, que esto está en medio de la nada. Por suerte pasa un taxista despistado y me recoge. Le pregunto por los horarios de los ferrys a Koh Tao y tras hacer una llamada a una amiga suya me consigue un ticket para las 13:30, tenemos tiempo de sobra pienso mientras me lleva haciendo un rallye de vuelta a la playa junto a aeropuerto. Al llegar está partiendo un barco al más puro estilo “Marco, de los Apeninos a los Andes”. Me han faltado dos minutos me dice y que se ha equivocado y que era a las 12:30. Hago que llamen a su colega la que me ha vendido el billete y él me tiene que pagar el siguiente ferry que sale en una hora desde la otra punta de la isla. Su error me cuesta 200B, que es poco pero como no habla nada de inglés pues mejor así y no discuto con nadie.
Al fin lego a Koh Tao, y aunque hay gente nueva en el centro, todo bien porque aquí me siento mejor, lejos del ruido, la muchedumbre y las carreras. Lo primero es apuntarme para la siguiente inmersión que es mañana a las 6. Tanto da, tengo demasiadas ganas como para pensar en el madrugón que tengo que hacer. Lo siguiente es alquilarme una moto y a buscar donde vivir. Voy a varios de los sitios que tenía vistos y está todo ocupado. Pues nada, a un Guesthouse y a esperar a ver si mañana hay más suerte.
Hasta la próxima entrada
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