domingo, 21 de marzo de 2010

Inmersiones, inmersiones, vida playera

La tarde transcurrió hasta que la noche llegó. En el centro de buceo, tomando unas cervecitas y con unas grandes risas. La verdad es que no me puedo quejar de la gente que estoy conociendo, me tratan muy bien y son como una familia de expatriados. Poco a poco me voy haciendo a todo esto, que me ayuda mucho al cambio.

Más tarde otra cervecita en la playa y a intentar dormir. Intentar porque con la siesta que había dormido, me costó bastante conciliar el sueño.

5:35 de la mañana: Otra vez el maldito despertador me avisa que tengo que ponerme en pie si quiero hacer una buena inmersión. A las 6 en en centro y vamos al barquito. Repetimos zona de buceo, donde ayer pude ver a los tiburones toro, pero hoy somos muy pocos y nos distribuimos como podemos. Me toca hacer de acompañante de un israelí, que posteriormente demuestra que había mentido. Es incapaz de sumergirse, se mueve como un pato, gasta excesivo aire y lo peor de todo, no hace caso a las indicaciones. Por esto y porque el instructor ha tenido un problema con su carrete nuestro grupo no ve a los tiburones. Al tener que hacer la parada de seguridad, le pido a mi budddy (compañero) que cuanto aire le queda y al ver que le quedaban sólo 20 BAR, le entra el pánico y quiere salir rápidamente. Gran error, hay que respetar la seguridad. Cuando consigo tranquilizarlo dándole mi regulador para que respire, hacemos la parada de seguridad correctamente y ascendemos a la superficie. Ya arriba le explico qué no ha hecho bien, y que a esa profundidad, con el aire que tenía no tenía por qué preocuparse de nada. Hablo con el instructor, que me pregunta por lo que ha visto y le dice que en la siguiente me siga y obedezca, por su seguridad y también por la mía y la del grupo.

El otro grupo, al salir nos comenta lo espectacular que ha sido ver a cuatro de ellos dando vueltas en circulo por encima de sus cabezas. ¡¡Qué envidia!! A punto de tirarlos al agua y que volvieran a nado, pero ayer fuimos otros los que tuvimos la suerte de verlos y no hay que desear nada malo a nadie.

Llegamos a White Rock, la segunda inmersión de la mañana y todo transcurre con más normalidad. No dejo de preguntarle cómo se encuentra, ya que con el estrés de la primera, en el trayecto le entraban ganas de vomitar. El caso es que no parecía preparado para esa profundidad o le ha dado excesivo miedo ver tiburones o quedarse sin aire, pero tampoco ha sido capaz de explicarlo, su inglés era batan te básico.

Volvemos a tierra firme, lavamos el equipo como siempre y nos vamos a comer. Solemos comer al salir de la inmersión, a eso de las 11:30, me estoy acostumbrando a estos horarios europeos. Hago otra mini siesta de 3 horas y vuelvo al centro a hablar del día, del tiempo, y a tomar otra Shinga de 650 ml, tamaño familiar pero que a pesar de tener 5º no sube, será por el calor que hace.

Con la felicidad de que ya tengo el piso casi alquilado, hablo con Will (el jefe) que ha vuelto de estar en cama malo, como tres más de ellos, y comentamos mi futuro, mis próximos cursos de instructor, etc. Viento en popa a toda vela, me va a ayudar en todo lo posible, y el curso me va a salir má barato de lo habitual. Estoy muy feliz

Jo, un australiano muy cachondo me acaba de interrumpir para decirme que mañana es su cumpleaños, y que a las 7 PM tememos fiesta, con lo cual no me apunto a las inmersiones del sábado. Ya veremos quien pringa, jeje

Bueno, tengo a Zack, un chaval majísimo que está de vacaciones aquí, esperándome fuera, Shinga en mano, eso siempre y cuando el gatito que se me ha puesto entre el portátil y yo me deje acabar de escribir en el blog

El sol se ha ido y me salen colmillos, demasiados días sin salir. A ver que depara la noche

Hasta la próxima entrada

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