martes, 23 de marzo de 2010

Thai-tanic


Ese es el nombre con el que bautizamos al taxi-boat que nos llevó a Shark Bay.

El día anterior, Susana, Iwona y "Chamac", el nombre pronunciado del marido de esta última, una pareja polaca muy maja y yo habíamos alquilado otro taxi-boat para ir a Mango Bay a hacer snorkel, que es bucear desde la superficie o sumergiéndote pocos metros sólo con gafas, tubo y aletas. Había sido un mediodía-tarde fantástico, en el que nos habíamos desecho de todo el equipo de buceo completo y queríamos disfrutar del lugar y sus aguas de manera diferente, pero sin dejar de estar relacionado con nuestra pasión. Lo acompañó una buena comida un esa misma bahía, en una excelente terraza con vistas y un día en calma así como el mar, que parecía un plato reflejando el sol sobre él.

De vuelta a la zona de NWD lo comentamos con unos cuantos de los amigos y nos organizamos para hacer otra excursión al día siguiente. La excursión esta vez era a Shark Bay, una preciosa bahía que conocí con Katrine, una rusa que vive en Koh Samui, días atrás. En esta bahía, si te adentras unos pocos metros hacia su lado sur, puedes estar nadando sobre tiburones de arrecife de punta blanca sin peligro alguno ya que están muy acostumbrados y no son agresivos.

El caso es que tras reunirnos a todos, nos dirigimos a Sairee Beach, nuestra playa de noche, y negociamos un buen precio con el taxista del día anterior. A ésta excursión se apuntaron además de nosotros cuatro John el escocés, David el francés, Andy el alemán y Hanna la sueca. Como siempre una macedonia de países.

Al salir de nuestra bahía y dirigirnos al sur, vimos que el mar estaba un poco más revuelta que en la playa, pero al taxista parecía en principio no afectarle demasiado. Era divertido ver como atravesábamos las olas con esa típica barca tailandesa, que tiene una sóla caña que se usa como timón y según la altura a la que la maneja da más o menos velocidad a la embarcación. Lo que empezó divertido acabó siendo un poco traumático para los polacos. Ella no lo pasó bien al ver que el taxista daba media vuelta y se refugiaba a 15 metros de la costa para que achicáramos el agua. No entendimos unos cuantos porqué se había puesto así, cuando es buceadora experimentada y la distancia a tierra tan mínima. Peor su marido que soltaba barbaridades en polaco por la boca mientras todos los demás reíamos y ayudábamos a sacar el agua para continuarla travesía. Al fin volvimos a ponernos de camino a Shark Bay, entre olas y vaivenes del bote. Nada peligroso por cierto ni por nosotros ni por la barca. De ahí el nombre de Thai-Tanic.

Una vez el taxista nos descargó en tierra playera, nos dijo que se esperaría a que acabáramos de hacer de las nuestras para llevarnos de vuelta, que no tenía tiempo para hacer más viajes hoy y no quería gastar más gasolina. Era la 1 de mediodía y habíamos acordado con él la vuelta a las 5 de la tarde. Así que cogimos nuestro equipo de exploradores de tiburones de arrecife y nos adentramos en el agua. La visibilidad era de 1 metro, 2 en las mejores zonas y decidimos abortar por hoy el intento. Había un bar muy bonito, con Shinga muy fría que nos esperaba. Allí pasamos la mayor parte de la tarde casi todos jugando a cartas y comiendo, mientras otros preferían intentar bucear por el lado norte de la bahía y otros descansar bajo la sombra de una palmera.

Para la vuelta, el mar nos ofreció tregua. No así David, que mientras estábamos todos relajados y sentados, cogió uno de los cabos de la barca, su puso las gafas y tubo y se lanzó al agua sin previo aviso. El barquero paró y preguntó que qué narices hacía, a lo que él contesto que quería ver el mundo submarino desde ahí. Le dijimos que se quitara de hacer tonterías, que no hacía ni falta ni gracia y que una tontería así podía acabar en tragedia. Al fin accedió, tras hablar con Chamac que era el que peor se había puesto. Era su vida, si se enredaba o salía disparado hacia la hélice era su problema, pero nos iba a dar la tarde a todos y no apetece. Una vez en el bote, intentó decirnos que tenía licencia especial para hacer eso: "¿Licencia para hacer el idiota a lo James Bond?", le pregunté, "Eso no existe y tú no tienes pinta ni cuerpo para hacerlo". Le había costado horrores volver de nuevo a bordo.

Volvimos a Sairee Beach y nos fuimos todos a cenar, que a las 6:30 ya tenemos hambre. Por la noche a tomar algo al Office Bar y comentar con el resto de la gente las aventurillas del día.


 

Hasta la próxima entrada

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