De la misma manera que hubo un momento cuando estaba en España que necesitaba salir, estando en Koh Tao he tenido la misma necesidad pero con un golpe de suerte (y simpatía claro está).
Las últimas semanas se estaban caracterizando por una monotonía exagerada. Tras finalizar el curso de instructor algo de trabajo había salido pero nada especial, cursos de una persona solamente y cómo no, en español. Un día de esos en que me daba más vuelta la cabeza de lo normal, y como siempre que podía conectado a internet, me dio por mirar páginas de buceo en Zanzíbar. Tanzania hacía cosa de 3 años que me llamaba la atención de una manera especial, ya que estuve a punto de ir a trabajar como responsable de una empresa de cultivos y por aquel entonces leí bastante sobre el país. También sabía que el buceo en Zanzíbar es muy bueno, según quien lo cataloga entre los Top Ten mundiales. En Nid's, el restaurante que casi todos los días lo llenábamos los amigos de Koh Tao, pequeño, acogedor, excelente comida y la mejor conexión a internet de la isla fue el punto de partida de mi futuro más próximo.
Mientras miraba páginas y más páginas web, los ojos cada vez más abiertos como platos, en eso que llegó Nicla. Ella es una amiga surafricana de mi amigo Zak, que se conocen desde pequeños y casualidades de la vida que tras 6 o 7 años sin verse se reencontraron en Koh Tao. Bueno, también es mi amiga y gracias a ella ahora estoy en el aeropuerto de camino a África, (¡joder que bien suena!). Al verme emocionado tras mi pequeña pantalla del ordenador, me preguntó que si podía saber que miraba con tanta atención y emoción. En ese momento tenía en frente de mi la lista de animalitos que en breve voy a poder disfrutar viendo, como tiburones ballena, tiburones jorobados, tiburones cabeza de martillo, manta raya, tortugas, delfines, y eso casi asegurado en cada inmersión. Me preguntó que porque estaba mirando Zanzíbar y tras explicarle un poco de todo lo que me rondaba, me dijo que ella había llegado a Koh Tao directamente desde Zanzíbar tras haber vivido durante 4 años allí. Me contó lo fabuloso que es la isla y mejor aún, que tenía unos amigos que son españoles y propietarios de un centro de buceo. ¡No me lo puedo creer! - Le dije – A lo que continuó que si quería me ponía en contacto con ellos a ver qué tal. En cuestión de 4 o 5 días, tras cruzarme varios emails con Sabina, la hija de los propietarios, me dijo que ahora necesitaban a un instructor de buceo y que se encargara de ventas. Para todo ello estoy capacitado y en cuestión de horas allí estaré. Suerte y simpatía, ya lo decía yo (ahora ya no están cerca mamá ni papá para que me echen flores y me las pongo yo mismo).
La fecha estaba decidida, tenía que ser tras mi cumpleaños que era en 3 días. Al comunicárselo a todos mis amigos de la isla, decidimos hacer una fiesta de aniversario y despedida todo en una noche, que fue de lo más divertido. La nota mala de ese día es mi impaciencia y el mal cálculo de horas, ya que mi familia junto con todos mis amigos de Premiá habían quedado en casa de mis padres para hacer una videoconferencia conmigo y siento mucho haber estropeado tan bonito momento que habían estado preparando durante 2 meses. Casualidades que todos habíamos quedado a la misma hora pero en diferente lugar, a unos cuantos miles de kilómetros.
Jo, aquel otro amigo mío que cumplió años en febrero, también se marchaba de la isla, él porque ya se había quedado sin dinero y con el sueldo de DiveMaster no le daba para nada, por lo que se ha tenido que volver a Gales a trabajar un año para ahorrar y sacarse el curso de instructor en Nueva Zelanda, no está nada mal tampoco. Así que decidimos una fecha intermedia entre su salida y la mía y el día 6 de julio de 2010 abandonamos la roca. Quizás para siempre. Koh Tao creo que se tiene que vivir una vez, disfrutarla y quedarte en la memoria todo lo bueno que tiene y lo bien que te lo has pasado. Intentar que vuelva a ser lo mismo o mejor es imposible.
Cada vez que había tenido que salir del país para la puñetera visa-run, lo había hecho en barco, claro está, y después en autobús, monovolumen s o avión, nunca en tren. Lo mismo había hecho Jo, por lo que decidimos hacer el viaje en tren. No podemos abandonar Tailandia sin haber ido en tren. El barco que nos llevó a Chumporn, Chumphon o Cumphorn (lo puedes ver escrito en la estación de muchas maneras diferentes) era el barato, pero también nos sirvió para que la salida fuera un poco más lenta y pudiéramos despedirnos de la isla. Al desaparecer entre la nieblilla, aparecía al otro lado la costa de Chumpon. Allí debíamos pasar 3 horas esperando al tren que nos llevaría a Bangkok. La espera fue de casi 5 horas, pero tampoco teníamos ninguna prisa, ninguno de los dos habíamos comprado el billete de avión a nuestros respectivos destinos. Era un tren cama, pero a diferencia de los de España, aquí el vagón está lleno de camas, 48 si mal no recuerdo, y ahí dormíamos los falang (o farang) que somos los extranjeros sobretodo del oeste de Europa pero ahora aplicado a todo no Tailandés, junto con los locales que se lo pueden permitir, el resto van sentados todo el trayecto. Son camastros de hierro, con una colchoneta de 3 o 4 cm, incómoda a morir –todavía me duele el brazo de algo que me clavé mientras intentaba dormir- . Al despertanos con gritos, cerraron las camas, quitaron las cortinas y se convirtió en un tren de pasajeros más normal, a no ser de las zonas de las maletas tan mal colocadas que pasar con todo nuestro equipaje por el laberinto de hierros y escaleras requirió de destreza y ayuda entre el uno al otro.
Ya en Bangkok, cómo no nos dirigimos a Kaoh San Road, la calle de los mochileros. Aquel donde me hospedé en febrero estaba lleno y fuimos al más famoso de todos, el D&D. Pagando 3 noches conseguíamos una extra y desayuno. Y así ha sido. No estaba mal el sitio, en realidad muy bien, con su piscina en la cubierta y TV. De la TV sólo podíamos ver un canal en semicristiano (inglés) donde nos ponían películas bajadas de internet y durante dos días maratón de dos series, "Band of Brothers" y "24". Aunque la mayor parte del tiempo lo pasábamos en la piscina, hablando o leyendo. Salimos un par de noches, la primera y la última que estuvimos juntos. La primera fue en la que la Selección Española enseñó a jugar a fútbol a la alemana, de vez en cuando les dejaban la pelota para que no se fueran llorando a casa, pero no mucho que si no se acostumbran mal. La euforia por la calle tras el partido fue máxima, todos los españoles que estábamos por allí felices como nunca por el futbol, algunos extranjeros nos daban su apoyo y lo mejor el careto de los alemanes, rendidos a nuestro toque de balón. Mucha rabia debe de haber entre holandeses y alemanes, ya que los holandeses saltaban de alegría y los alemanes cuando les bajó un poco la mala lecha, no paraban de decir que apoyarían a España, que odian a Holanda a morir.
Lo bueno que ha tenido acabar con un amigo en Bangkok es que ambos estábamos de acuerdo en algo: "Sick of Thailand", o lo que es lo mismo "Hasta los cojones de Tailandia". Bangkok agota, su gente, su ruido, su calor, esta calle llena de comercios ya unos sobre los otros, el no poder hablar más de 20 segundos seguidos, ya sea andando o sentado en una terraza sin que te acribillen a ofertas que no paras de rechazar, y detrás haciendo cola hay 3 más que ofrecen exactamente lo mismo. Puedo entender su necesidad, pero es agotador y acabas por cogerles un poco de manía. Esto en Koh Tao no pasaba, pero un poco de aquí y un poco de allá y te vas con muy buen sabor de boca pero con la duda de volver. Una duda un poco clara.
Mientras me despedía de Jo ayer, cogiendo su taxi al aeropuerto, me llamó Nicla que estaba cerca de Kaoh San Road, de vuelta a Koh Tao. La colega se ha ido un par de semanas a ver 3 partidos de la Selección Española. Como me prometió, porque se lo pedí, me ha traído una Vuvuzela. Esa trompeta infernal que hacen sonar en los partidos del Mundial de Fútbol. La mía la compró durante el partido de España – Alemania. Parecerá poca cosa pero me ha hecho mucha ilusión.
La peor parte de todo esto es que el partido de la final lo voy a pasar volando, era el billete más barato que encontré y no está el horno para bollos, por lo que tendré que ir a ver al Capitán, o Comandante o lo que sea el que pilote para que me mantenga informado o me ponga una radio donde pueda escucharlo.
Bueno, este es el fin de otra etapa, la de Tailandia. Le pongo al fin un diez y espero poder igualar o mejorar esa nota en mi nuevo destino: Zanzíbar – Tanzania – ÁFRICA ¡Joder que bien suena!
Hasta la próxima entrada
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